19 domingo
Blanco
III DOMINGO DE PASCUA
MR p. 355 [360] / Lecc. I p. 101.
LH Semana III del Salterio.
ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 65, 1-2
Aclama a Dios, tierra entera. Canten todos un himno a su
nombre, denle gracias y alábenlo. Aleluya.
Se dice Gloria.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que tu pueblo se regocije siempre al verse
renovado y rejuvenecido, para que, al alegrarse hoy por
haber recobrado la dignidad de su adopción filial, aguarde
seguro con gozosa esperanza el día de la resurrección. Por
nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
[No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio.]
Del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 14. 22-33
El día de Pentecostés, se presentó Pedro, junto con los
Once, ante la multitud, y levantando la voz, dijo: “Israelitas,
escúchenme. Jesús de Nazaret fue un hombre acreditado
por Dios ante ustedes, mediante los milagros, prodigios y
señales que Dios realizó por medio de él y que ustedes bien
conocen. Conforme al plan previsto y sancionado por Dios,
Jesús fue entregado, y ustedes utilizaron a los paganos para
clavarlo en la cruz.
Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte,
ya que no era posible que la muerte lo retuviera bajo su
dominio. En efecto, David dice, refiriéndose a él: Yo veía
constantemente al Señor delante de mí, puesto que él está
a mi lado para que yo no tropiece. Por eso se alegra mi
corazón y mi lengua se alboroza; por eso también mi cuerpo
vivirá en la esperanza, porque tú, Señor, no me abandonarás
a la muerte, ni dejarás que tu santo sufra la corrupción. Me
has enseñado el sendero de la vida y me saciarás de gozo
en tu presencia.
Hermanos, que me sea permitido hablarles con toda
claridad: el patriarca David murió y lo enterraron, y su
sepulcro se conserva entre nosotros hasta el día de hoy.
Pero, como era profeta, y sabía que Dios le había prometido
con juramento que un descendiente suyo ocuparía su trono,
con visión profética habló de la resurrección de Cristo, el
cual no fue abandonado a la muerte ni sufrió la corrupción.
Pues bien, a este Jesús Dios lo resucitó, y de ello todos
nosotros somos testigos. Llevado a los cielos por el poder
de Dios, recibió del Padre el Espíritu Santo prometido a él y
lo ha comunicado, como ustedes lo están viendo y oyendo”.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 15
R. Enséñanos, Señor, el camino de la vida. Aleluya.
Protégeme, Dios mío, pues eres mi refugio. Yo siempre
he dicho que tú eres mi Señor. El Señor es la parte que me
ha tocado en herencia: mi vida está en sus manos. R.
Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me
instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor y
con él a mi lado, jamás tropezaré. R.
Por eso se me alegran el corazón y el alma y mi cuerpo
vivirá tranquilo, porque tú no me abandonarás a la muerte
ni dejarás que sufra yo la corrupción. R.
Enséñame el camino de la vida, sáciame de gozo en tu
presencia y de alegría perpetua junto a ti. R.
SEGUNDA LECTURA
[Ustedes han sido rescatados con la sangre preciosa de
Cristo, el cordero sin mancha.]
De la primera carta del apóstol san Pedro 1, 17-21
Hermanos: Puesto que ustedes llaman Padre a Dios, que
juzga imparcialmente la conducta de cada uno según sus obras,
vivan siempre con temor filial durante su peregrinar por la tierra.
Bien saben ustedes que de su estéril manera de vivir,
heredada de sus padres, los ha rescatado Dios, no con bienes
efímeros, como el oro y la plata, sino con la sangre preciosa
de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha, al cual Dios había
elegido desde antes de la creación del mundo, y por amor
a ustedes, lo ha manifestado en estos tiempos, que son los
últimos. Por Cristo, ustedes creen en Dios, quien lo resucitó
de entre los muertos y lo llenó de gloria, a fin de que la fe de
ustedes sea también esperanza en Dios. Palabra de Dios.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
Cfr. Lc 24, 32
R. Aleluya, aleluya.
Señor Jesús, haz que comprendamos la Sagrada Escritura.
Enciende nuestro corazón mientras nos hablas. R. Aleluya.
EVANGELIO
[Lo reconocieron al partir el pan.]
Del santo Evangelio según san Lucas 24, 13-35
El mismo día de la resurrección, iban dos de los
discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a
unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo
que había sucedido.
Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y
comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos
estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó: “¿De
qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?”
Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: “¿Eres tú
el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos
días en Jerusalén?” Él les preguntó: “¿Qué cosa?” Ellos
le respondieron: “Lo de Jesús el nazareno, que era un
profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo
el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo
entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron.
Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel,
y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas
cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro
grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada
al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando
que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron
que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron
al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres,
pero a él no lo vieron”.
Entonces Jesús les dijo: “¡Qué insensatos son ustedes y
qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los
profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera
todo esto y así entrara en su gloria?” Y comenzando por
Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos
los pasajes de la Escritura que se referían a él.
Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que
iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: “Quédate
con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer”.
Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa,
tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio.
Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él
se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: “¡Con
razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el
camino y nos explicaba las Escrituras!”
Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén,
donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros,
los cuales les dijeron: “De veras ha resucitado el Señor y se
le ha aparecido a Simón”. Entonces ellos contaron lo que les
había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al
partir el pan. Palabra del Señor.
Se dice Credo.
ORACIÓN DE LOS FIELES:
Invoquemos a Cristo, triunfador del pecado y de
la muerte, que siempre intercede por nosotros y
digámosle con fe: Rey de la gloria, resucítanos contigo.
R. Rey de la gloria, resucítanos contigo.
1. Para que Cristo atraiga hacia sí el corazón de
todos los fieles y fortalezca sus voluntades, de manera
que busquen los bienes de allá arriba, donde Él está
sentado a la derecha de Dios, roguemos al Señor.
2. Para que Cristo haga que todos los pueblos gocen
abundantemente de la paz que en sus apariciones Él
otorgó a sus discípulos, roguemos al Señor.
3. Para que Cristo se compadezca de los débiles y
oprimidos y aleje del mundo el hambre, las guerras
y todos los males, roguemos al Señor.
4. Para que Cristo salve y bendiga a nuestra
comunidad, y nos conceda la paz, la alegría y el
descanso a los que hoy nos hemos reunido aquí para
celebrar su triunfo, roguemos al Señor.
Dios nuestro, que en este día has reunido a tu Iglesia
que peregrina por el mundo, escucha nuestra oración
y abre nuestros corazones, para que entendamos las
Escrituras y reconozcamos a tu Hijo al partir el pan.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Recibe, Señor, los dones que, jubilosa, tu Iglesia te
presenta, y puesto que es a ti a quien debe su alegría,
concédele también disfrutar de la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio I-V de Pascua, pp. 499-503 [500-504].
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Lc 24, 46-47
Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre
los muertos al tercer día y que, en su nombre, se predicara
a todos los pueblos el arrepentimiento para el perdón de los
pecados. Aleluya.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Dirige, Señor, tu mirada compasiva sobre tu pueblo,
al que te has dignado renovar con estos misterios de vida
eterna, y concédele llegar un día a la gloria incorruptible de
la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Puede utilizarse la fórmula de bendición solemne, p. 595 [603].