26 domingo
Blanco
IV DOMINGO DE PASCUA
MR p. 363 [368] / Lecc. I p. 105.
LH Semana IV del Salterio.
ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 32, 5-6
La tierra está llena del amor del Señor y su palabra hizo
los cielos. Aleluya.
ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso y eterno, te pedimos que nos lleves
a gozar de las alegrías celestiales, para que tu rebaño, a
pesar de su fragilidad, llegue también a donde lo precedió
su glorioso Pastor. Él, que vive y reina contigo en la unidad
del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Se dice Gloria.
PRIMERA LECTURA
[Dios lo ha constituido Señor y Mesías.]
Del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 14a. 36-41
El día de Pentecostés, se presentó Pedro junto con los
Once ante la multitud y levantando la voz, dijo: “Sepa todo
Israel con absoluta certeza, que Dios ha constituido Señor
y Mesías al mismo Jesús, a quien ustedes han crucificado”.
Estas palabras les llegaron al corazón y preguntaron a
Pedro y a los demás apóstoles: “¿Qué tenemos que hacer,
hermanos?” Pedro les contestó: “Arrepiéntanse y bautícense
en el nombre de Jesucristo para el perdón de sus pecados y
recibirán el Espíritu Santo. Porque las promesas de Dios valen
para ustedes y para sus hijos y también para todos los paganos
que el Señor, Dios nuestro, quiera llamar, aunque estén lejos”.
Con éstas y otras muchas razones, los instaba y exhortaba,
diciéndoles: “Pónganse a salvo de este mundo corrompido”.
Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día
se les agregaron unas tres mil personas. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 22
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará. Aleluya.
El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas
me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para
reparar mis fuerzas. R.
Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el
sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada
temo, porque tú estás conmigo, tu vara y tu cayado me dan
seguridad. R.
Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis
adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi
copa hasta los bordes. R.
Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días
de mi vida; y viviré en la casa del Señor por años sin término. R.
SEGUNDA LECTURA
[Han vuelto ustedes al pastor y guardián de sus vidas.]
De la primera carta del apóstol san Pedro 2, 20b-25
Hermanos: Soportar con paciencia los sufrimientos que
les vienen a ustedes por hacer el bien, es cosa agradable
a los ojos de Dios, pues a esto han sido llamados, ya que
también Cristo sufrió por ustedes y les dejó así un ejemplo
para que sigan sus huellas.
Él no cometió pecado ni hubo engaño en su boca; insultado,
no devolvió los insultos; maltratado, no profería amenazas,
sino que encomendaba su causa al único que juzga con justicia;
cargado con nuestros pecados, subió al madero de la cruz, para
que, muertos al pecado, vivamos para la justicia.
Por sus llagas ustedes han sido curados, porque ustedes eran
como ovejas descarriadas, pero ahora han vuelto al pastor y
guardián de sus vidas. Palabra de Dios.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Jn 10, 14
R. Aleluya, aleluya.
Yo soy el buen pastor, dice el Señor; yo conozco a mis
ovejas y ellas me conocen a mí. R. Aleluya.
EVANGELIO
[Yo soy la puerta de las ovejas.]
Del santo Evangelio según san Juan 10, 1-10
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Yo les
aseguro que el que no entra por la puerta del redil de
las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un
bandido; pero el que entra por la puerta, ése es el pastor de
las ovejas. A ése le abre el que cuida la puerta, y las ovejas
reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre y las
conduce afuera. Y cuando ha sacado a todas sus ovejas,
camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen
su voz. Pero a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de
él, porque no conocen la voz de los extraños”.
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron
lo que les quería decir. Por eso añadió: “Les aseguro que yo soy
la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo,
son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los han escuchado.
Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá
entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar,
a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la
tengan en abundancia”. Palabra del Señor.
Se dice Credo.
ORACIÓN DE LOS FIELES:
Levantemos nuestros ojos a Cristo –Obispo y Pastor
de nuestras almas– y pongamos en sus manos, con
toda confianza, las necesidades de todos los hombres:
A cada invocación responderemos:
R. Jesús, Buen Pastor, sálvanos.
1. Para que los obispos, presbíteros y diáconos
apacienten santamente a los pueblos que tienen
encomendados, roguemos al Señor. R.
2. Para que la paz que Jesucristo concedió a los
discípulos arraigue con fuerza en nuestro mundo, y se
alejen de las naciones el odio y las guerras, roguemos
al Señor. R.
3. Para que los enfermos, los pobres y todos los
que sufren encuentren en Cristo resucitado la luz y
la esperanza, roguemos al Señor. R.
4. Para que Dios derrame en las familias cristianas
el espíritu de piedad y de renuncia a lo mundano, de
manera que germinen en ellas abundantes vocaciones
al ministerio eclesial, roguemos al Señor. R.
Dios nuestro, fuente de gozo y de paz, que has
concedido a tu Hijo el poder y la realeza sobre los
hombres y los pueblos, sosténnos con la fuerza de tu
Espíritu, para que nunca nos separemos de nuestro
Pastor, que nos conducirá hacia fuentes de aguas
vivas, y que vive y reina por los siglos de los siglos.
Se dice Credo.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Concédenos, Señor, vivir siempre llenos de gratitud por estos
misterios pascuales que celebramos, para que, continuamente
renovados por su acción, se conviertan para nosotros en causa
de eterna felicidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio I-V de Pascua, pp. 499-503 [500-504].
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN
Ha resucitado el Buen Pastor, que dio la vida por sus
ovejas y se entregó a la muerte por su rebaño. Aleluya.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Buen Pastor, vela con solicitud por tu rebaño y dígnate
conducir a las ovejas que redimiste con la preciosa sangre de
tu Hijo, a las praderas eternas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Puede utilizarse la fórmula de bendición solemne, p. 595 [603].