4 sábado
Blanco
SÁBADO SANTO
Durante el Sábado Santo, la Iglesia permanece junto
al sepulcro del Señor, meditando en su pasión y muerte, y
se abstiene de celebrar el sacrificio de la misa (por lo que
conserva el altar enteramente desnudo) hasta que, después
de la Vigilia solemne o espera nocturna de la resurrección,
se desborda la alegría pascual, cuya exuberancia inunda los
cincuenta días subsiguientes. Hoy no puede darse la sagrada
comunión más que a modo de viático.
VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA,
MR p. 313 [317] / Lecc. I p. 829
PRIMERA PARTE:
SOLEMNE INICIO DE LA VIGILIA O
«LUCERNARIO»
Bendición del fuego y preparación del cirio
Se apagan todas las luces. En un lugar adecuado, fuera de la
iglesia, se enciende el fuego. Congregado allí el pueblo, llega
el sacerdote con los ministros. Uno de los ministros lleva el
cirio pascual. Si las circunstancias no permiten encender el
fuego fuera de la iglesia, todo este rito se desarrolla en un
lugar adecuado. El sacerdote saluda, como de costumbre,
al pueblo congregado y le hace una breve exhortación, con
estas palabras u otras semejantes:
Hermanos:
En esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo pasó
de la muerte a la vida, la Iglesia invita a todos sus hijos,
diseminados por el mundo, a que se reúnan para velar en
oración. Conmemoremos, pues, juntos, la Pascua del Señor,
escuchando su palabra y participando en sus sacramentos,
con la esperanza cierta de participar también en su triunfo
sobre la muerte y de vivir con él para siempre en Dios.
Enseguida bendice el fuego.
Oremos: Dios nuestro, que por medio de tu Hijo
comunicaste a tus fieles el fuego de tu luz, santifica + este
fuego nuevo y concédenos que, al celebrar estas fiestas
pascuales, se encienda en nosotros el deseo de las cosas
celestiales, para que podamos llegar con un espíritu renovado
a las fiestas de la eterna claridad. Por Jesucristo, nuestro
Señor. R. Amén.
Uno de los ministros lleva el cirio pascual ante el celebrante.
Este, con un punzón, graba una cruz en el cirio. Después,
traza sobre él la letra griega Alfa y, debajo, la letra Omega;
entre los brazos de la cruz traza los cuatro números del año
en curso, mientras dice:
1. Cristo ayer y hoy, traza la línea vertical;
2. Principio y fin, traza la línea horizontal;
3. Alfa, traza la letra Alfa, arriba de la línea vertical;
4. y Omega. Traza la letra Omega, abajo de la línea
vertical;
5. Suyo es el tiempo, traza el primer número del año en
curso, en el ángulo superior izquierdo de la cruz;
6. y la eternidad, traza el segundo número del año, en el
ángulo superior derecho;
7. A él la gloria y el poder, traza el tercer número del año
en el ángulo inferior izquierdo;
8. por los siglos de los siglos. Amén, traza el cuarto
número del año en el ángulo inferior derecho.
Después de haber trazado la cruz y los demás signos, el
sacerdote puede incrustar en el cirio cinco granos de incienso,
en forma de cruz, diciendo al mismo tiempo.
1. Por sus santas llagas
2. gloriosas,
3. nos proteja
4. y nos guarde
5. Jesucristo nuestro Señor. Amén.
El celebrante enciende el cirio pascual con el fuego nuevo,
diciendo:
Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las
tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu.
Procesión
A continuación el celebrante toma el cirio pascual y,
manteniéndolo elevado, canta él solo:
V. Cristo, luz del mundo.
R. Demos gracias a Dios.
Todos entran en la iglesia, Si se emplea el incienso, el
turiferario precederá al celebrante [o al diácono]. En la puerta
de la iglesia se canta por segunda vez: Cristo, luz del mundo.
Y todos responden: Demos gracias a Dios. En este momento
todos encienden sus velas en la llama del cirio y avanzan
de nuevo. Al llegar ante el altar, el celebrante, vuelto hacia el
pueblo, canta por tercera vez: Cristo, luz del mundo. Y todos
responden: Demos gracias a Dios.
Entonces se encienden las luces suficientes para hacer
cómodamente el pregón pascual y las lecturas.
Pregón pascual
El sacerdote [o el diácono] pone el cirio pascual en el candelabro,
que está preparado en medio del presbiterio o junto al ambón.
Se inciensa el libro y el cirio. Luego se proclama el pregón
pascual desde el ambón. Todos permanecen de pie, teniendo
en sus manos las velas encendidas. El Pregón pascual puede
ser proclamado, en caso de necesidad, por un cantor laico.
En este caso omite las palabras Por eso, queridos hermanos,
hasta el final del invitatorio, así como el saludo: El Señor
esté con ustedes.
PREGÓN PASCUAL
Alégrense, por fin, los coros de los ángeles, alégrense las
jerarquías del cielo y, por la victoria de rey tan poderoso,
que las trompetas anuncien la salvación.
Goce también la tierra, inundada de tanta claridad, y que,
radiante con el fulgor del rey eterno, se sienta libre de la
tiniebla que cubría el orbe entero.
Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de
luz tan brillante; resuene este recinto con las aclamaciones
del pueblo.
(Por eso, queridos hermanos, que asisten a la admirable
claridad de esta luz santa, invoquen conmigo la misericordia
de Dios omnipotente, para que aquel que, sin mérito mío, me
agregó al número de los ministros, complete mi alabanza a
este cirio, infundiendo el resplandor de su luz.)
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.)
V. Levantemos el corazón,
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario aclamar con nuestras voces
y con todo el afecto del corazón, a Dios invisible, el Padre
todopoderoso, y a su Hijo único, nuestro Señor Jesucristo.
Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda
de Adán, y ha borrado con su sangre inmaculada la condena
del antiguo pecado.
Porque éstas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola
el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de
los fieles.
Esta es la noche en que sacaste de Egipto a los israelitas,
nuestros padres, y los hiciste pasar a pie, sin mojarse, el
Mar Rojo.
Ésta es la noche en que la columna de fuego esclareció
las tinieblas del pecado.
Esta es la noche que a todos los que creen en Cristo, por toda
la tierra, los arranca de los vicios del mundo y de la oscuridad
del pecado, los restituye a la gracia y los agrega a los santos.
Esta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
[¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido
rescatados?]
¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué
incomparable ternura y caridad! ¡Para rescatar al esclavo
entregaste al Hijo!
Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por
la muerte de Cristo. ¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!
[¡Qué noche tan dichosa! Sólo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó del abismo.
Esta es la noche de la que estaba escrito: “Será la noche
clara como el día, la noche iluminada por mi gozo”.]
Y así, esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las
culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a
los tristes, [expulsa el odio, trae la concordia, doblega a
los poderosos.]
En esta noche de gracia, acepta, Padre santo, el sacrificio
vespertino de alabanza, que la santa Iglesia te ofrece en la
solemne ofrenda de este cirio, obra de las abejas.
[Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego,
que arde en llama viva para la gloria de Dios. Y aunque
distribuye su luz, no mengua al repartirla, porque se
alimenta de cera fundida que elaboró la abeja fecunda para
hacer esta lámpara preciosa.]
¡Qué noche tan dichosa, en que se une el cielo con la
tierra, lo humano con lo divino!
Te rogamos, Señor, que este cirio consagrado a tu nombre
para destruir la oscuridad de esta noche, arda sin apagarse
y, aceptado como perfume, se asocie a las lumbreras del
cielo. Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese lucero
que no conoce ocaso, Jesucristo, tu Hijo, que volviendo del
abismo, brilla sereno para el linaje humano y vive y reina
por los siglos de los siglos. R. Amén.
SEGUNDA PARTE:
LITURGIA DE LA PALABRA
En esta vigilia se proponen nueve lecturas, siete del Antiguo
Testamento y dos del Nuevo (la Epístola y el Evangelio).
Si las circunstancias pastorales lo piden, puede reducirse el
número de lecturas del Antiguo Testamento. Deben leerse,
por lo menos, tres lecturas del Antiguo Testamento y, en casos
muy urgentes, por lo menos dos. Pero nunca se omita la
tercera lectura, tomada del capítulo 14 del Éxodo. Terminado
el pregón, todos apagan sus velas y se sientan. Antes de
comenzar las lecturas, el sacerdote exhorta a la asamblea
con estas palabras u otras semejantes.
Hermanos, habiendo iniciado solemnemente la Vigilia
Pascual, escuchemos con recogimiento la palabra de Dios.
Meditemos cómo, en la antigua alianza, Dios salvó a su
pueblo y en la plenitud de los tiempos, envió al mundo a su
Hijo para que nos redimiera.
Oremos para que Dios lleve a su plenitud la obra de la
redención realizada por el misterio pascual.
Siguen luego las lecturas. Un lector va al ambón y proclama
la lectura. Después el salmista o cantor, dice el salmo,
alternando con las respuestas del pueblo. Enseguida todos
se levantan, el sacerdote dice: Oremos, y, después de que
todos han orado en silencio durante unos momentos, dice
la oración que corresponde a la lectura. En lugar del salmo
responsorial, se puede guardar un momento de silencio
sagrado. En este caso se omite la pausa después del Oremos.
PRIMERA LECTURA **
[Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno.]
Del libro del Génesis 1, 1. 26, 31
En el principio creó Dios el cielo y la tierra. [La tierra era
soledad y caos; y las tinieblas cubrían la faz del abismo. El
espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas.
Dijo Dios: “Que exista la luz”, y la luz existió. Vio Dios
que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas. Llamó
a la luz “día” y a las tinieblas, “noche”. Fue la tarde y la
mañana del primer día.
Dijo Dios: “Que haya una bóveda entre las aguas, que
separe unas aguas de otras”. E hizo Dios una bóveda y separó
con ella las aguas de arriba, de las aguas de abajo. Y así fue.
Llamó Dios a la bóveda “cielo”. Fue la tarde y la mañana
del segundo día.
Dijo Dios: “Que se junten las aguas de debajo del cielo
en un solo lugar y que aparezca el suelo seco”. Y así fue.
Llamó Dios “tierra” al suelo seco y “mar” a la masa de las
aguas. Y vio Dios que era bueno.
Dijo Dios: “Verdee la tierra con plantas que den semilla
y árboles que den fruto y semilla, según su especie, sobre
la tierra”. Y así fue. Brotó de la tierra hierba verde, que
producía semilla, según su especie, y árboles que daban
fruto y llevaban semilla, según su especie. Y vio Dios que
era bueno. Fue la tarde y la mañana del tercer día.
Dijo Dios: “Que haya lumbreras en la bóveda del cielo,
que separen el día de la noche, señalen las estaciones, los
días y los años, y luzcan en la bóveda del cielo para iluminar
la tierra. Y así fue. Hizo Dios las dos grandes lumbreras: la
lumbrera mayor para regir el día y la menor, para regir la
noche; y también hizo las estrellas. Dios puso las lumbreras
en la bóveda del cielo para iluminar la tierra, para regir el
día y la noche, y separar la luz de las tinieblas”. Y vio Dios
que era bueno. Fue la tarde y la mañana del cuarto día.
Dijo Dios: “Agítense las aguas con un hervidero de seres
vivientes y revoloteen sobre la tierra las aves, bajo la bóveda
del cielo”. Creó Dios los grandes animales marinos y los
vivientes que en el agua se deslizan y la pueblan, según
su especie. Creó también el mundo de las aves, según sus
especies. Vio Dios que era bueno y los bendijo, diciendo:
“Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas del mar;
que las aves se multipliquen en la tierra”. Fue la tarde y la
mañana del quinto día.
Dijo Dios: “Produzca la tierra vivientes, según sus
especies: animales domésticos, reptiles y fieras, según
sus especies”. Y así fue. Hizo Dios las fieras, los animales
domésticos y los reptiles, cada uno según su especie. Y vio
Dios que era bueno.]
Y dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y
semejanza; que domine a los peces del mar, a las aves del
cielo, a los animales domésticos y a todo animal que se
arrastra sobre la tierra”. Y creó Dios al hombre a su imagen;
a imagen suya lo creó; hombre y mujer los creó.
Y los bendijo Dios y les dijo: “Sean fecundos y
multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los
peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que
se mueve sobre la tierra”.
Y dijo Dios: “He aquí que les entrego todas las plantas
de semilla que hay sobre la faz de la tierra, y todos los
árboles que producen frutos y semilla, para que les sirvan de
alimento. Y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del
cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todos los seres que
respiran, también les doy por alimento las verdes plantas”.
Y así fue. Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró
muy bueno. Fue la tarde y la mañana del sexto día.
Así quedaron concluidos el cielo y la tierra con todos sus
ornamentos, y terminada su obra, descansó Dios el séptimo
día de todo cuanto había hecho. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 103
R. Bendice al Señor, alma mía.
Bendice al Señor, alma mía; Señor y Dios mío, inmensa
es tu grandeza. Te vistes de belleza y majestad, la luz te
envuelve como un manto. R.
Sobre bases inconmovibles asentaste la tierra para siempre.
Con un vestido de mares la cubriste y las aguas en los montes
concentraste. R.
En los valles haces brotar las fuentes, que van corriendo
entre montañas; junto al arroyo vienen a vivir las aves, que
cantan entre las ramas. R.
Desde tu cielo riegas los montes y sacias la tierra del fruto
de tus manos; haces brotar hierba para los ganados y pasto
para los que sirven al hombre. R.
¡Qué numerosas son tus obras, Señor, y todas las hiciste
con maestría! La tierra está llena de tus creaturas. Bendice
al Señor, alma mía. R.
Oremos. Dios todopoderoso y eterno, que en todas las
obras de tu amor te muestras admirable, concede a quienes
has redimido, comprender que el sacrificio de Cristo, nuestra
Pascua, en la plenitud de los tiempos, es una obra más
maravillosa todavía que la misma creación del mundo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.
SEGUNDA LECTURA **
[El sacrificio de nuestro patriarca Abraham.]
Del libro del Génesis 22, 1-18
En aquel tiempo, Dios le puso una prueba a Abraham y
le dijo: “¡Abraham, Abraham!” Él respondió: “Aquí estoy”.
Y Dios le dijo: “Toma a tu hijo único, Isaac, a quien tanto
amas; vete a la región de Moria y ofrécemelo en sacrificio,
en el monte que yo te indicaré”.
[Abraham madrugó, aparejó su burro, tomó consigo a dos
de sus criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio
y se encaminó al lugar que Dios le había indicado. Al tercer
día divisó a lo lejos el lugar. Les dijo entonces a sus criados:
“Quédense aquí con el burro; yo iré con el muchacho hasta
allá, para adorar a Dios y después regresaremos”.
Abraham tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su
hijo Isaac y tomó en su mano el fuego y el cuchillo. Los dos
caminaban juntos. Isaac dijo a su padre Abraham: “¡Padre!”
Él respondió: “¿Qué quieres, hijo?” El muchacho contestó:
“Ya tenemos fuego y leña, ¿pero dónde está el cordero para el
sacrificio?” Abraham le contestó: “Dios nos dará el cordero
para el sacrificio, hijo mío”. Y siguieron caminando juntos.]
Cuando llegaron al sitio que Dios le había señalado,
Abraham levantó un altar y acomodó la leña. Luego ató
a su hijo Isaac, lo puso sobre el altar, encima de la leña, y
tomó el cuchillo para degollarlo.
Pero el ángel del Señor lo llamó desde el cielo y le dijo:
“¡Abraham, Abraham!” Él contestó: “Aquí estoy”. El ángel
le dijo: “No descargues la mano contra tu hijo, ni le hagas
daño. Ya veo que temes a Dios, porque no le has negado a
tu hijo único”. Abraham levantó los ojos y vio un carnero,
enredado por los cuernos en la maleza. Atrapó el carnero y
lo ofreció en sacrificio, en lugar de su hijo. Abraham puso
por nombre a aquel sitio “el Señor provee”, por lo que aun
el día de hoy se dice: “el monte donde el Señor provee”.
El ángel del Señor volvió a llamar a Abraham desde el
cielo y le dijo: “Juro por mí mismo, dice el Señor, que por
haber hecho esto y no haberme negado a tu hijo único, yo te
bendeciré y multiplicaré tu descendencia como las estrellas
del cielo y las arenas del mar. Tus descendientes conquistarán
las ciudades enemigas. En tu descendencia serán bendecidos
todos los pueblos de la tierra, porque obedeciste a mis
palabras”. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 15
R. Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.
El Señor es la parte que me ha tocado en herencia: mi
vida está en sus manos. Tengo siempre presente al Señor y
con él a mi lado, jamás tropezaré. R.
Por eso se me alegran el corazón y el alma y mi cuerpo
vivirá tranquilo, porque tú no me abandonarás a la muerte,
ni dejarás que sufra yo la corrupción. R.
Enséñame el camino de la vida, sáciame de gozo en tu
presencia y de alegría perpetua junto a ti. R.
Oremos. Dios nuestro, excelso Padre de los creyentes,
que por medio de la gracia de la adopción y por el misterio
pascual sigues cumpliendo la promesa hecha a Abraham de
multiplicar su descendencia por toda la tierra y de hacerlo el
padre de todas las naciones, concede a tu pueblo responder
dignamente a la gracia de tu llamada. Por Jesucristo, nuestro
Señor. R. Amén.
TERCERA LECTURA
[Los israelitas entraron en el mar sin mojarse.]
Del libro del Éxodo 14, 15—15, 1
En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: “¿Por qué
sigues clamando a mí? Diles a los israelitas que se pongan
en marcha. Y tú, alza tu bastón, extiende tu mano sobre el
mar y divídelo, para que los israelitas entren en el mar sin
mojarse. Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para
que los persigan, y me cubriré de gloria a expensas del faraón
y de todo su ejército, de sus carros y jinetes. Cuando me
haya cubierto de gloria a expensas del faraón, de sus carros
y jinetes, los egipcios sabrán que yo soy el Señor”.
El ángel del Señor, que iba al frente de las huestes de
Israel, se colocó tras ellas. Y la columna de nubes que iba
adelante, también se desplazó y se puso a sus espaldas, entre el
campamento de los israelitas y el campamento de los egipcios.
La nube era tinieblas para unos y claridad para otros, y así los
ejércitos no trabaron contacto durante toda la noche.
Moisés extendió la mano sobre el mar, y el Señor hizo
soplar durante toda la noche un fuerte viento del este, que
secó el mar, y dividió las aguas. Los israelitas entraron
en el mar y no se mojaban, mientras las aguas formaban
una muralla a su derecha y a su izquierda. Los egipcios se
lanzaron en su persecución y toda la caballería del faraón,
sus carros y jinetes, entraron tras ellos en el mar.
Hacia el amanecer, el Señor miró desde la columna de fuego
y humo al ejército de los egipcios y sembró entre ellos el pánico.
Trabó las ruedas de sus carros, de suerte que no avanzaban sino
pesadamente. Dijeron entonces los egipcios: “Huyamos de
Israel, porque el Señor lucha en su favor contra Egipto.
Entonces el Señor le dijo a Moisés: “Extiende tu mano
sobre el mar, para que vuelvan las aguas sobre los egipcios,
sus carros y sus jinetes”. Y extendió Moisés su mano sobre
el mar, y al amanecer, las aguas volvieron a su sitio, de
suerte que al huir, los egipcios se encontraron con ellas, y
el Señor los derribó en medio del mar. Volvieron las aguas
y cubrieron los carros, a los jinetes y a todo el ejército del
faraón, que se había metido en el mar para perseguir a Israel.
Ni uno solo se salvó.
Pero los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio
del mar. Las aguas les hacían muralla a derecha e izquierda.
Aquel día salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel
vio a los egipcios, muertos en la orilla del mar. Israel vio la
mano fuerte del Señor sobre los egipcios, y el pueblo temió
al Señor y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo. Entonces
Moisés y los hijos de Israel cantaron este cántico al Señor:
No se dice Palabra del Señor, se pasa directamente al Salmo.
SALMO RESPONSORIAL Ex 15
R. Alabemos al Señor por su victoria.
Cantemos al Señor, sublime es su victoria: caballos y
jinetes arrojó en el mar. Mi fortaleza y mi canto es el Señor,
él es mi salvación, él es mi Dios, yo lo alabaré; es el Dios
de mis padres, yo le cantaré. R.
El Señor es un guerrero, su nombre es el Señor. Precipitó
en el mar los carros del faraón y a sus guerreros; ahogó en
el mar Rojo a sus mejores capitanes. R.
Las olas los cubrieron, cayeron hasta el fondo, como
piedras. Señor, tu diestra brilla por su fuerza, tu diestra,
Señor, tritura al enemigo. R.
Tú llevas a tu pueblo para plantarlo en el monte que le
diste en herencia, en el lugar que convertiste en tu morada, en
el santuario que construyeron tus manos. Tú, Señor, reinarás
para siempre. R.
Oremos. Señor Dios, cuyos antiguos prodigios los
percibimos resplandeciendo también en nuestros tiempos,
puesto que aquello mismo que realizó la diestra de tu poder
para liberar a un solo pueblo de la esclavitud del faraón, lo
sigues realizando también ahora, por medio del agua del
bautismo para salvar a todas las naciones, concede que todos
los hombres del mundo lleguen a contarse entre los hijos
de Abraham y participen de la dignidad del pueblo elegido.
Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.
CUARTA LECTURA
[Con amor eterno se ha apiadado de ti tu redentor.]
Del libro del profeta Isaías 54, 5-14
“El que te creó, te tomará por esposa; su nombre es
‘Señor de los ejércitos’. Tu redentor es el Santo de Israel;
será llamado ‘Dios de toda la tierra’. Como a una mujer
abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor. ¿Acaso
repudia uno a la esposa de la juventud?, dice tu Dios.
Por un instante te abandoné, pero con inmensa misericordia
te volveré a tomar. En un arrebato de ira te oculté un instante
mi rostro, pero con amor eterno me he apiadado de ti, dice
el Señor, tu redentor.
Me pasa ahora como en los días de Noé: entonces juré
que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra;
ahora juro no enojarme ya contra ti ni volver a amenazarte.
Podrán desaparecer los montes y hundirse las colinas, pero
mi amor por ti no desaparecerá y mi alianza de paz quedará
firme para siempre. Lo dice el Señor, el que se apiada de ti.
Tú, la afligida, la zarandeada por la tempestad, la no
consolada: He aquí que yo mismo coloco tus piedras
sobre piedras finas, tus cimientos sobre zafiros; te pondré
almenas de rubí y puertas de esmeralda y murallas de
piedras preciosas.
Todos tus hijos serán discípulos del Señor, y será grande
su prosperidad. Serás consolidada en la justicia. Destierra
la angustia, pues ya nada tienes que temer; olvida tu miedo,
porque ya no se acercará a ti”. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 29
R. Te alabaré, Señor, eternamente.
Te alabaré, Señor, pues no dejaste que se rieran de mí mis
enemigos. Tú, Señor, me salvaste de la muerte y a punto de
morir, me reviviste. R.
Alaben al Señor quienes lo aman, den gracias a su nombre,
porque su ira dura un solo instante y su bondad, toda la vida.
El llanto nos visita por la tarde; por la mañana, el júbilo. R.
Escúchame, Señor, y compadécete; Señor, ven en mi
ayuda. Convertiste mi duelo en alegría, te alabaré por eso
eternamente. R.
Oremos. Dios todopoderoso y eterno, multiplica, en
honor a tu nombre, cuanto prometiste a nuestros padres en
la fe y acrecienta la descendencia por ti prometida mediante
la santa adopción filial, para que aquello que los antiguos
patriarcas no dudaron que habría de acontecer, tu Iglesia
advierta que ya está en gran parte cumplido. Por Jesucristo,
nuestro Señor. R. Amén.
QUINTA LECTURA
[Vengan a mí y vivirán. Sellaré con ustedes una alianza
perpetua.]
Del libro del profeta Isaías 55, 1-11
Esto dice el Señor: “Todos ustedes, los que tienen sed,
vengan por agua; y los que no tienen dinero, vengan,
tomen trigo y coman; tomen vino y leche sin pagar. ¿Por
qué gastar el dinero en lo que no es pan y el salario, en
lo que no alimenta?
Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán
platillos sustanciosos. Préstenme atención, vengan a mí,
escúchenme y vivirán.
Sellaré con ustedes una alianza perpetua, cumpliré las
promesas que hice a David. Como a él lo puse por testigo
ante los pueblos, como príncipe y soberano de las naciones,
así tú reunirás a un pueblo desconocido, y las naciones que
no te conocían acudirán a ti, por amor del Señor, tu Dios,
por el Santo de Israel, que te ha honrado.
Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar,
invóquenlo mientras está cerca; que el malvado abandone
su camino, y el criminal, sus planes; que regrese al Señor,
y él tendrá piedad; a nuestro Dios, que es rico en perdón.
Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, sus
caminos no son mis caminos. Porque así como aventajan los
cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los de ustedes
y mis pensamientos a sus pensamientos.
Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá,
sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla
germinar, a fin de que dé semilla para sembrar y pan para
comer, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá
a mí sin resultado, sino que hará mi voluntad y cumplirá su
misión”. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL Isaías 12
R. El Señor es mi Dios y salvador.
El Señor es mi Dios y salvador: con él estoy seguro y
nada temo. El Señor es mi protección y mi fuerza, y ha
sido mi salvación. Sacarán agua con gozo de la fuente de
salvación. R.
Den gracias al Señor, invoquen su nombre, cuenten a los
pueblos sus hazañas, proclamen que su nombre es sublime. R.
Alaben al Señor por sus proezas, anúncienlas a toda la
tierra. Griten jubilosos, habitantes de Sión, porque el Dios
de Israel ha sido grande con ustedes. R.
Oremos. Dios todopoderoso y eterno, única esperanza
del mundo, tú que anunciaste, por voz de los profetas, los
misterios que estamos celebrando esta noche, multiplica en el
corazón de tu pueblo los santos propósitos porque no podría
ningún santo anhelo alcanzar crecimiento sin el impulso
que procede de ti. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.
SEXTA LECTURA
[Sigue el camino que te conduce a la luz del Señor.]
Del libro del profeta Baruc 3, 9-15. 32—4, 4
Escucha, Israel, los mandatos de vida, presta oído para
que adquieras prudencia. ¿A qué se debe, Israel, que estés
aún en país enemigo, que envejezcas en tierra extranjera,
que te hayas contaminado por el trato con los muertos, que
te veas contado entre los que descienden al abismo?
Es que abandonaste la fuente de la sabiduría. Si hubieras
seguido los senderos de Dios, habitarías en paz eternamente.
Aprende dónde están la prudencia, la inteligencia y la
energía, así aprenderás dónde se encuentra el secreto de
vivir larga vida, y dónde la luz de los ojos y la paz. ¿Quién
es el que halló el lugar de la sabiduría y tuvo acceso a sus
tesoros? El que todo lo sabe, la conoce; con su inteligencia
la ha escudriñado. El que cimentó la tierra para todos los
tiempos, y la pobló de animales cuadrúpedos; el que envía
la luz, y ella va, la llama, y temblorosa le obedece; llama a
los astros, que brillan jubilosos en sus puestos de guardia, y
ellos le responden: “Aquí estamos”, y refulgen gozosos para
aquel que los hizo. Él es nuestro Dios y no hay otro como
él; él ha escudriñado los caminos de la sabiduría y se la dio
a su hijo Jacob, a Israel, su predilecto. Después de esto, ella
apareció en el mundo y convivió con los hombres.
La sabiduría es el libro de los mandatos de Dios, la ley
de validez eterna; los que la guardan, vivirán, los que la
abandonan, morirán.
Vuélvete a ella, Jacob, y abrázala; camina hacia la claridad
de su luz; no entregues a otros tu gloria, ni tu dignidad a un
pueblo extranjero. Bienaventurados nosotros, Israel, porque
lo que agrada al Señor nos ha sido revelado. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 18
R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
La ley del Señor es perfecta del todo y reconforta el
alma; inmutables son las palabras del Señor y hacen sabio
al sencillo. R.
En los mandamientos del Señor hay rectitud y alegría para
el corazón; son luz los preceptos del Señor para alumbrar
el camino. R.
La voluntad de Dios es santa y para siempre estable; los
mandatos del Señor son verdaderos y enteramente justos. R.
Más deseables que el oro y las piedras preciosas las
normas del Señor, y más dulces que la miel de un panal
que gotea. R.
Oremos. Dios nuestro, que haces crecer continuamente
a tu Iglesia con hijos llamados de todos los pueblos, dígnate
proteger siempre con tu gracia a quienes has purificado con
el agua del bautismo. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.
SÉPTIMA LECTURA
[Los rociaré con agua pura y les daré un corazón nuevo.]
Del libro del profeta Ezequiel 36, 16-28
En aquel tiempo, me fue dirigida la palabra del Señor en
estos términos: “Hijo de hombre, cuando los de la casa de Israel
habitaban en su tierra, la mancharon con su conducta y con
sus obras; como inmundicia fue su proceder ante mis ojos.
Entonces descargué mi furor contra ellos, por la sangre que
habían derramado en el país y por haberlo profanado con sus
idolatrías. Los dispersé entre las naciones y anduvieron errantes
por todas las tierras. Los juzgué según su conducta, según sus
acciones los sentencié. Y en las naciones a las que se fueron,
desacreditaron mi santo nombre, haciendo que de ellos se dijera:
‘Este es el pueblo del Señor, y ha tenido que salir de su tierra’.
Pero, por mi santo nombre, que la casa de Israel profanó
entre las naciones a donde llegó, me he compadecido. Por
eso, dile a la casa de Israel: ‘Esto dice el Señor: no lo hago
por ustedes, casa de Israel. Yo mismo mostraré la santidad
de mi nombre excelso, que ustedes profanaron entre las
naciones. Entonces ellas reconocerán que yo soy el Señor,
cuando, por medio de ustedes les haga ver mi santidad.
Los sacaré a ustedes de entre las naciones, los reuniré
de todos los países y los llevaré a su tierra. Los rociaré con
agua pura y quedarán purificados; los purificaré de todas sus
inmundicias e idolatrías.
Les daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu
nuevo; arrancaré de ustedes el corazón de piedra y les daré
un corazón de carne. Les infundiré mi espíritu y los haré vivir
según mis preceptos y guardar y cumplir mis mandamientos.
Habitarán en la tierra que di a sus padres; ustedes serán mi
pueblo y yo seré su Dios’ ”. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL de los salmos 41
R. Estoy sediento del Dios que da la vida.
Como el venado busca el agua de los ríos, así, cansada,
mi alma te busca a ti, Dios mío. R.
Del Dios que da la vida está mi ser sediento. ¿Cuándo
será posible ver de nuevo su templo? R.
Recuerdo cuando íbamos a casa del Señor, cantando,
jubilosos, alabanzas a Dios. R.
Envíame, Señor, tu luz y tu verdad; que ellas se conviertan
en mi guía y hasta tu monte santo me conduzcan, allí donde
tú habitas. R.
Al altar del Señor me acercaré, al Dios que es mi alegría, y
a mi Dios, el Señor, le daré gracias al compás de la cítara. R.
Oremos. Dios de inmutable poder y eterna luz, mira
propicio el admirable misterio de la Iglesia entera y realiza
serenamente, en virtud de tu eterno designio, la obra de la
humana salvación; que todo el mundo vea y reconozca que
los caídos se levantan, que se renueva lo que había envejecido
y que, por obra de Jesucristo, todas las cosas concurren hacia
la unidad que tuvieron en el origen. Él, que vive y reina por
los siglos de los siglos. R. Amén.
Terminada la oración de la última lectura del Antiguo
Testamento, con el responsorio y la oración correspondiente,
se encienden las velas del altar. El sacerdote entona
solemnemente el Gloria, que todos prosiguen. Mientras
tanto se tocan las campanas, de dentro y de fuera del templo,
de acuerdo a las costumbres de cada lugar.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que haces resplandecer esta noche con la
gloria de la resurrección del Señor, aviva en tu Iglesia el
espíritu de adopción filial, para que, renovados en cuerpo y
alma, nos entreguemos fielmente a tu servicio. Por nuestro
Señor Jesucristo...
EPÍSTOLA
[Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya nunca
morirá.]
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos 6, 3-11
Hermanos: Todos los que hemos sido incorporados a Cristo
Jesús por medio del bautismo, hemos sido incorporados a su
muerte. En efecto, por el bautismo fuimos sepultados con
él en su muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre
los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros
llevemos una vida nueva.
Porque, si hemos estado íntimamente unidos a él por una
muerte semejante a la suya, también lo estaremos en su
resurrección. Sabemos que nuestro viejo yo fue crucificado
con Cristo, para que el cuerpo del pecado quedara destruido,
a fin de que ya no sirvamos al pecado, pues el que ha muerto
queda libre del pecado.
Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros
de que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo,
una vez resucitado de entre los muertos, ya nunca morirá.
La muerte ya no tiene dominio sobre él, porque al morir,
murió al pecado de una vez para siempre; y al resucitar, vive
ahora para Dios. Lo mismo ustedes, considérense muertos
al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Palabra de Dios.
Terminada la epístola todos se ponen de pie y el sacerdote
entona solemnemente el Aleluya, que todos repiten. Luego un
salmista o un cantor dice el salmo, al que el pueblo responde:
Aleluya. Si hace falta, el mismo salmista canta el Aleluya.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 117
R. Aleluya, aleluya.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque
tu misericordia es eterna. Diga la casa de Israel: “Su
misericordia es eterna”. R.
La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es
nuestro orgullo. No moriré, continuaré viviendo, para contar
lo que el Señor ha hecho. R.
La piedra que desecharon los constructores, es ahora la
piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un
milagro patente. R.
Para el Evangelio no se llevan velas. Puede emplearse el
incienso.
EVANGELIO
[Ha resucitado e irá delante de ustedes a Galilea.]
Del santo Evangelio según san Mateo 28, 1-10
Transcurrido el sábado, al amanecer del primer día de la
semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver
el sepulcro. De pronto se produjo un gran temblor, porque
el ángel del Señor bajó del cielo y acercándose al sepulcro,
hizo rodar la piedra que lo tapaba y se sentó encima de ella.
Su rostro brillaba como el relámpago y sus vestiduras eran
blancas como la nieve. Los guardias, atemorizados ante él,
se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. El ángel
se dirigió a las mujeres y les dijo: “No teman. Ya sé que
buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado,
como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde lo habían
puesto. Y ahora, vayan de prisa a decir a sus discípulos: ‘Ha
resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a
Galilea; allá lo verán’ Eso es todo”.
Ellas se alejaron a toda prisa del sepulcro, y llenas de
temor y de gran alegría, corrieron a dar la noticia a los
discípulos. Pero de repente Jesús les salió al encuentro y
las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo
adoraron. Entonces les dijo Jesús: “No tengan miedo. Vayan
a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allá me
verán”. Palabra del Señor.
REFLEXIÓN: • La fiesta por excelencia de los
cristianos es, como bien lo sabemos, la Pascua de
Resurrección y la «Vigilia Pascual» su más bella
expresión. Como la semilla confiada a la tierra, Cristo
«reposa» en el sepulcro. La Iglesia –llevando en sus
manos la lámpara de la esperanza (Cfr. Lc 12, 35-
40)– vigila junto a la tumba de su Señor. También ella
aguarda el gran «día del Señor», cuando Él vendrá para
invitarla a sentarse en su mesa. En Cristo, verdadero
hombre y «nuevo Adán», la muerte no es el final de
la vida, sino la victoria sobre las limitaciones de la
condición terrena y la participación en la vida eterna de
Dios… • La noche de Pascua es el gran sacramento de
la vida del cristiano. El Bautismo y la Eucaristía –que
junto con la abundancia de la Palabra de Dios están al
centro de esta solemne liturgia– nos hacen presentes
y contemporáneos los principales acontecimientos
de la Historia de nuestra Salvación. A partir de esta
noche “santísima”, Cristo está presente en medio de
los suyos de una forma nueva. Con la luz y la fuerza
de su Espíritu, vengamos a gozarnos de la dignidad de
hijos muy amados del Padre. ¡Despojémonos, pues, de
la «antigua levadura» (Cfr. 1 Cor 6, 12) y decidámonos
a llevar una vida de resucitados!
TERCERA PARTE:
LITURGIA BAUTISMAL
El sacerdote con los ministros se dirige a la fuente bautismal,
si es que ésta se encuentra a la vista de los fieles. De lo
contrario, se pone un recipiente con agua en el presbiterio. Si
hay bautizos se realizan en este momento. Si los bautizados
son adultos, el obispo o, en su ausencia, el presbítero que
confirió el bautismo, adminístreles inmediatamente el
sacramento de la Confirmación en el presbiterio, como se
indica en el Pontifical o en el Ritual Romano. Si no hay
bautismos ni tampoco se bendice la fuente bautismal [p.
333] [338] el sacerdote prepara a los fieles para la bendición
del agua, diciendo:
Pidamos, queridos hermanos, a Dios nuestro Señor, que
se digne bendecir esta agua, con la cual seremos rociados
en memoria de nuestro bautismo, y que nos renueve
interiormente, para que permanezcamos fieles al Espíritu
que hemos recibido.
Y después de una breve pausa en silencio, prosigue:
Señor, Dios nuestro, mira con bondad a este pueblo tuyo,
que vela en oración en esta noche santísima, recordando la
obra admirable de nuestra creación y la obra más admirable
todavía, de nuestra redención. Dígnate bendecir + esta
agua, que tú creaste para dar fertilidad a la tierra, frescura
y limpieza a nuestros cuerpos.
Tú, además, convertiste el agua en un instrumento de tu
misericordia: por ella liberaste a tu pueblo de la esclavitud y
en el desierto saciaste su sed; con la imagen del agua viva los
profetas anunciaron la nueva alianza que deseabas establecer
con los hombres; por ella, finalmente, santificada por Cristo
en el Jordán, renovaste, mediante el bautismo que nos da la
vida nueva, nuestra naturaleza, corrompida por el pecado.
Que esta agua nos recuerde ahora nuestro bautismo y
nos haga participar en la alegría de nuestros hermanos, que
han sido bautizados en esta Pascua. Por Jesucristo, nuestro
Señor. R. Amén.
Renovación de las promesas bautismales
Terminada la ceremonia del bautismo o, si no hubo bautizos,
después de la bendición del agua, todos, de pie y teniendo en
sus manos las velas encendidas hacen la renovación de las
promesas del bautismo. El sacerdote se dirige a la comunidad
con estas palabras u otras parecidas:
Terminado el rito del Bautismo (y de la Confirmación)
o, si no hubo bautismos, después de la bendición del
agua, todos, de pie y teniendo en sus manos las velas
encendidas, hacen la renovación de las promesas del
bautismo. El sacerdote se dirige a los fieles, con estas
palabras u otras semejantes:
Hermanos, por medio del bautismo, hemos sido hechos
partícipes del misterio pascual de Cristo; es decir, por medio
del bautismo, hemos sido sepultados con él en su muerte
para resucitar con él a una vida nueva.
Por eso, culminado nuestro camino cuaresmal, es muy
conveniente que renovemos las promesas de nuestro
bautismo, con las cuales un día renunciamos a Satanás y a
sus obras y nos comprometimos a servir a Dios, en la santa
Iglesia católica. Por consiguiente:
¿Renuncian ustedes al pecado para vivir en la libertad
de los hijos de Dios?
Todos: Sí, renuncio.
¿Renuncian a todas las seducciones del mal para
que el pecado no los esclavice?
Todos: Sí, renuncio.
¿Renuncian a Satanás, padre y autor de todo pecado?
Todos: Sí, renuncio.
¿Creen ustedes en Dios, Padre todopoderoso, creador
del cielo y de la tierra?
Todos: Sí, creo
¿Creen en Jesucristo, su Hijo único y Señor nuestro,
que nació de la Virgen María, padeció y murió por
nosotros, resucitó y está sentado a la derecha del Padre?
Todos: Sí, creo
¿Creen en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia
católica, en la comunión de los santos, en el perdón
de los pecados, en la resurrección de los muertos y
en la vida eterna?
Todos: Sí, creo.
Que Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos liberó del pecado y nos ha hecho renacer por el agua
y el Espíritu Santo, nos conserve con su gracia unidos a
Jesucristo nuestro Señor, hasta la vida eterna. Amén.
El sacerdote rocía al pueblo con el agua bendita, mientras
todos cantan la siguiente antífona o algún otro canto
bautismal: Vi brotar agua del lado derecho del templo,
aleluya. Vi que en todos aquellos que recibían el agua, surgía
una vida nueva y cantaban con gozo: Aleluya, aleluya.
Hecha la aspersión, el sacerdote vuelve a la sede, en donde
dirige la Oración Universal.
No se dice Credo.
ORACIÓN DE LOS FIELES:
Llenos de gozo por la santa Resurrección del Señor –
purificados nuestros sentimientos y renovado nuestro
espíritu– supliquemos con insistencia al Señor,
diciendo: Rey vencedor, escúchanos.
R/. Rey vencedor, escúchanos.
1. A Cristo que ha vencido la muerte y ha destruido
el pecado, pidámosle que todos los cristianos sean
siempre fieles a las promesas del bautismo que han
renovado en esta noche santa. Roguemos al Señor.
2. A Cristo que ha hecho renacer a los nuevos hijos
de la Iglesia, engendrándolos por el agua y el Espíritu
Santo, pidámosle que afirme en ellos los dones que
les ha concedido. Roguemos al Señor.
3. A Cristo que ha dado al mundo la vida verdadera
y ha renovado toda la creación, pidámosle por los
que –por no creer en su triunfo– viven sin esperanza.
Roguemos al Señor.
4. A Cristo que ha abierto las puertas de su Reino
a los que gemían en el abismo y ha otorgado la vida al
hombre mortal, pidámosle por todos los que sufren.
Roguemos al Señor.
5. A Cristo que anunció la alegría a las mujeres
y a los apóstoles y –por medio de ellos al mundo
entero– pidámosle por los que nos hemos reunido
para celebrar su triunfo. Roguemos al Señor.
Señor Jesucristo, en esta fiesta gloriosa te pedimos
que escuches nuestras plegarias y extiendas tu diestra
misericordiosa sobre este pueblo que tiene puesta
toda su esperanza en tu Resurrección. Tú que vives
y reinas por los siglos de los siglos.
CUARTA PARTE:
LITURGIA EUCARÍSTICA
El sacerdote va al altar y comienza la Liturgia Eucarística, en
la forma acostumbrada. Es conveniente que el pan y el vino
sean presentados por los neófitos, si los hay. Hay que estar
atentos a las variantes dentro de las Plegarias eucarísticas.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Recibe, Señor, las súplicas de tu pueblo, junto con los
dones que te presentamos para que los misterios de la
Pascua que hemos comenzado a celebrar, nos obtengan,
con tu ayuda, el remedio para conseguir la vida eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO: El misterio pascual,(en esta noche), p. 499 [500].
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN 1 Cor 5, 7-8
Cristo, nuestro Cordero Pascual, ha sido inmolado.
Aleluya. Celebremos, pues, la Pascua, con el pan sin
levadura, que es de sinceridad y verdad. Aleluya.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Infúndenos, Señor, el espíritu de tu caridad, para que,
saciados con los sacramentos pascuales, vivamos siempre
unidos en tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.
BENDICIÓN SOLEMNE p. 338 [343]
Para despedir al pueblo, el diácono o, en su ausencia, el
mismo sacerdote canta o dice: Anuncien a todos la alegría
del Señor resucitado. Vayan en paz, aleluya, aleluya. O bien:
Pueden ir en paz, aleluya, aleluya. Todos responden: Demos
gracias a Dios, aleluya, aleluya. Esta fórmula de despedida
se utiliza durante toda la octava de Pascua.