24 viernes
Blanco / Rojo
FERIA DE PASCUA
o SAN FIDEL DE SIGMARINGA,
Presbítero y Mártir
MR pp. 699 y 888 [718 y 927] / Lecc. I p. 895
Fue abogado y entró en la Orden de los capuchinos, en
Friburgo de Brisgovia. Era un religioso lleno de amor al
prójimo y un notable predicador popular, por lo cual fue
designado por la Congregación de la Propagación de la Fe
para predicar una misión entre los protestantes de Suiza.
Al poco tiempo fue asesinado (1578-1622).
ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. 4 Esd 2, 35
Una luz eterna, Señor, brillará para tus santos y vivirán
para siempre. Aleluya.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que te dignaste coronar con la palma
del martirio a san Fidel de Sigmaringa, inflamado en tu
amor para propagar la fe, concédenos, por su intercesión,
que, arraigados en la caridad y unidos a él, merezcamos
experimentar el poder de la resurrección de Cristo. Él, que
vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es
Dios por los siglos de los siglos.
PRIMERA LECTURA
[Es el instrumento escogido por mí, para que me dé a conocer
a las naciones.]
Del libro de los Hechos de los Apóstoles 9, 1-20
En aquellos días, Saulo, amenazando todavía de muerte
a los discípulos del Señor, fue a ver al sumo sacerdote
y le pidió, para las sinagogas de Damasco, cartas que lo
autorizaran para traer presos a Jerusalén a todos aquellos
hombres y mujeres que seguidores del camino.
Pero sucedió que, cuando se aproximaba a Damasco, una
luz del cielo lo envolvió de repente con su resplandor. Cayó
por tierra y oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por
qué me persigues?” Preguntó él: “¿Quién eres, Señor?” La
respuesta fue: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate.
Entra en la ciudad y ahí se te dirá lo que tienes que hacer”.
Los hombres que lo acompañaban en el viaje se habían
detenido, mudos de asombro, pues oyeron la voz, pero no
vieron a nadie. Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía
abiertos los ojos, no podía ver. Lo llevaron de la mano hasta
Damasco y ahí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber.
Había en Damasco un discípulo que se llamaba Ananías,
a quien se le apareció el Señor y le dijo: “Ananías”. El
respondió: “Aquí estoy, Señor”. El Señor le dijo: “Ve a la
calle principal y busca en casa de Judas a un hombre de
Tarso, llamado Saulo, que está orando”. Saulo tuvo también
la visión de un hombre llamado Ananías, que entraba y le
imponía las manos para que recobrara la vista.
Ananías contestó: “Señor, he oído a muchos hablar de ese
individuo y del daño que ha hecho a tus fieles en Jerusalén.
Además, trae autorización de los sumos sacerdotes para poner
presos a todos los que invocan tu nombre”. Pero el Señor le
dijo: “No importa. Tú ve allá, porque yo lo he escogido como
instrumento, para que me dé a conocer a las naciones, a los
reyes y a los hijos de Israel. Yo le mostraré cuánto tendrá
que padecer por mi causa”.
Ananías fue allá, entró en la casa, le impuso las manos a
Saulo y le dijo: “Saulo, hermano, el Señor Jesús, que se te
apareció en el camino, me envía para que recobres la vista
y quedes lleno del Espíritu Santo”. Al instante, algo como
escamas se le desprendió de los ojos y recobró la vista. Se
levantó y lo bautizaron. Luego comió y recuperó las fuerzas.
Se quedó unos días con los discípulos en Damasco y se puso
a predicar en las sinagogas, afirmando que Jesús era el Hijo
de Dios. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 116
R. Que aclamen al Señor todos los pueblos. Aleluya.
Que alaben al Señor, todas las naciones, que lo aclamen
todos los pueblos. R.
Porque grande es su amor hacia nosotros y su fidelidad
dura por siempre. R.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Jn 6, 56
R. Aleluya, aleluya.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí
y yo en él, dice el Señor. R. Aleluya.
EVANGELIO
[Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera
bebida.]
Del santo Evangelio según san Juan 6, 52-59
En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre
sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”
Jesús les dijo: “Yo les aseguro: Si no comen la carne del
Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida
en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene
vida eterna y yo lo resucitaré el último día.
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera
bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece
en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la
vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná
que comieron sus padres, pues murieron. El que come de
este pan vivirá para siempre”.
Esto lo dijo Jesús enseñando en la sinagoga de Cafarnaúm.
Palabra del Señor.
REFLEXIÓN: Con este pasaje evangélico entramos
en la segunda parte del memorable discurso de
Jesús sobre el «Pan de vida». En él se desarrollan
ulteriormente las anteriores y muy sorprendentes
afirmaciones, que en principio tanto escandalizaron
a sus oyentes. Más que entretenerse en los “cómos”
de lo que luego será el «gran milagro» eucarístico, lo
que Jesús hace ahora es precisar los “efectos” de tal
comida y de tal bebida. Ellos serán, sobre todo, la
vida en plenitud y la comunión real con Él. Es por
esto que este singular prodigio acompañará y nutrirá
la vida de la Iglesia a lo largo de los siglos.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Recibe, Señor, el sacrificio de reconciliación y alabanza
que ofrecemos a tu majestad en la conmemoración del
santo mártir Fidel, para que nos lleve a obtener el perdón
y nos haga permanecer en continua acción de gracias. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Jn 12, 24-25
Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda
infecundo; pero, si muere, da fruto abundante. Aleluya.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Al celebrar con alegría esta festividad y habiendo recibido
tus dones celestiales, te pedimos, Señor, que concedas, a
quienes en este divino banquete proclamamos la muerte de
tu Hijo, que podamos participar, con los santos mártires, de
su resurrección y de su gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.