7 martes
Blanco
OCTAVA DE PASCUA
MR p. 342 [348] / Lecc. I p. 857
ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Sir 15, 3-4
El Señor les dará a beber el agua de la sabiduría; se
apoyarán en él y no vacilarán. Él los llenará de gloria
eternamente. Aleluya.
ORACIÓN COLECTA
Señor Dios, que nos has hecho experimentar la fuerza
vivificante del misterio pascual, sigue acompañando a tu
pueblo con tu divina gracia, para que, conseguida la perfecta
libertad, se convierta en gozo celestial la alegría que ahora
lo inunda aquí en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
[Arrepiéntanse y bautícense en el nombre de Jesucristo.]
Del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 36-41
El día de Pentecostés, dijo Pedro a los judíos: “Sepa todo
Israel, con absoluta certeza, que Dios ha constituido Señor
y Mesías al mismo Jesús, a quien ustedes han crucificado”.
Estas palabras les llegaron al corazón y preguntaron a
Pedro y a los demás apóstoles: “¿Qué tenemos que hacer,
hermanos?” Pedro les contestó: “Arrepiéntanse y bautícense
en el nombre de Jesucristo, para el perdón de sus pecados
y recibirán el Espíritu Santo. Porque las promesas de Dios
valen para ustedes y para sus hijos y también para todos los
paganos que el Señor, Dios nuestro, quiera llamar, aunque
estén lejos”.
Con éstas y otras muchas razones los instaba y exhortaba,
diciéndoles: “Pónganse a salvo de este mundo corrompido”.
Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día
se les agregaron unas tres mil personas. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 32
R. En el Señor está nuestra esperanza. Aleluya.
Sincera es la palabra del Señor y todas sus acciones son
leales. El ama la justicia y el derecho, la tierra llena está de
sus bondades. R.
Cuida el Señor de aquellos que lo temen y en su bondad
confían; los salva de la muerte y en épocas de hambre les
da vida. R.
En el Señor está nuestra esperanza, pues él es nuestra
ayuda y nuestro amparo. Muéstrate bondadoso con nosotros,
puesto que en ti, Señor, hemos confiado. R.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Sal 117, 24
R. Aleluya, aleluya.
Este es el día del triunfo del Señor, día de júbilo y de
gozo. R. Aleluya.
EVANGELIO
[He visto al Señor y me ha dado este mensaje.]
Del santo Evangelio según san Juan 20, 11-18
El día de la resurrección, María se había quedado llorando
junto al sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó
al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados
en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno en la
cabecera y el otro junto a los pies. Los ángeles le preguntaron:
“¿Por qué estás llorando, mujer?” Ella les contestó: “Porque
se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto”.
Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no
sabía que era Jesús. Entonces él le dijo: “Mujer, ¿por qué
estás llorando? ¿A quién buscas?” Ella, creyendo que era
el jardinero, le respondió: “Señor, si tú te lo llevaste, dime
dónde lo has puesto”. Jesús le dijo: “¡María!” Ella se volvió
y exclamó: “¡Rabuní!”, que en hebreo significa ‘maestro’.
Jesús le dijo: “Déjame ya, porque todavía no he subido al
Padre. Ve a decir a mis hermanos: ‘Subo a mi Padre y su
Padre, a mi Dios y su Dios’ ”.
María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles
que había visto al Señor y para darles su mensaje. Palabra
del Señor.
REFLEXIÓN: El evangelio narra la aparición del
Señor resucitado a María Magdalena, según la versión
de san Juan. Efectivamente, María buscaba entre los
muertos al que estaba vivo. Por eso su desconsuelo
se cambiará en gozo (Cfr. Jer 31, 13; Jn 16, 20). Oír
su propio nombre de los labios de Aquel a quien ella
tomaba por el «jardinero», le despertó el sentido de una
nueva «misión». A través de sus lágrimas consiguió
ver al Señor, a quien tanto quería. El Espíritu de
Cristo resucitado le iluminó los ojos y le cambió la
vida, porque el lugar donde Dios habita es siempre
el «corazón que ama» (San Agustín).
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Recibe, Señor, con bondad, estas ofrendas de tu familia
santa, para que, con la ayuda de tu protección, conserve los
dones recibidos y llegue a poseer los eternos. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Col 3, 1-2
Puesto que ustedes han resucitado con Cristo, busquen
los bienes del cielo, donde Cristo está sentado a la derecha
de Dios; pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no
en los de la tierra. Aleluya.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Escúchanos, Dios todopoderoso, y, ya que colmaste
los corazones de tus hijos con la gracia incomparable del
bautismo, prepáranos para alcanzar la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor.